martes, 29 de noviembre de 2011

No hay fecha que no llegue ni plazo que no se cumpla…

Esta entrada pensé en publicarla hace como dos semanas, pero pues por cuestiones de tiempo y animos no había podido.

Les cuento el contexto, me despedí de un trabajo en el que estuve casi 4 años, fué un lugar que me dio de todo, tristeza, alegría, presión, estrés, pero por sobretodas las cosas mucho aprendizaje, de la que fui a quien soy después de ese lugar no queda nada, profesionalmente hablando claro.

Como hoy no estoy precisamente inspirada, les dejo el mensaje que de despedida les dejé, muchas gracias por leerlo.

Y como cada fin implica en sí mismo un comienzo también, quiero compartirles a todos ustedes porque fueron o son importantes este momento mi vida y mi carrera.
Mañana 11 del mes 11 del año 11 es mi último día en este lugar, un nuevo lugar me aguarda y espera. Y como no me podía ir así como así, les he escrito a mi modo palabras de agradecimiento por los momentos compartidos con cada uno de ustedes por que la suma de todos ellos en más de 3 años dan como resultado el ser humano y profesional que soy ahora.
Los nombres de todos ustedes está en esta lista, no adviertas por el lugar en donde se encuentre ya que carece de importancia. Todos los nombres y cada uno de ellos están flotantes en mis aguas mansas que cuidan, que quieren y que representan mi agradecimiento... así que lee con atención y tampoco te sorprendas si apareces más de una vez ya que nadie es blanco o negro, y en esta vida laboral de tantas horas y tantas emociones distintas compartidas jugamos diferentes papeles en diferentes momentos…
Aquí va la lista de todos, ¡todos!
Los nuevos, los de siempre, los de tiempo atrás, los de momentitos, los de cercanía, los de distancia, los de apodos, los de áreas, los de edificios, los de elevador, los de apellidos, los de mis apellidos, los que comen en mi casa, los que han trabajado en mi casa, los que han hecho de la oficina mi casa, los que me han dado clases, a los que les he dado clases, los que no me han querido dar clases, los que me invitan a sus casas, los que me han cuidado en sus casas, los que me dieron de comer en sus casas, los que me adoptaron, los que me soportaron, los que me aceptaron, los que me sostuvieron cuando sola en otros lados, los que me esperan en otros lados, los que visito en otros lados, los que quiero visitar en otros lados, los que se fueron, los que se quedaron, los que cargan conmigo, los que toman tequila conmigo y vino tinto y vodka y Torres X y cerveza, los que piensan conmigo (no como yo), los que hablan conmigo, los que crean, diseñan, planean y prueban conmigo, los que brillan conmigo, los que me regañan, los que hacen hábitos conmigo, los que me abrazan cuando me ven, los que me invitan, a los que invito, los que me han prestado dinero, los que les he prestado dinero, los que me apoyan, los que nunca fallan, los que escuchan, los que reciben mis llamadas de auxilio, los que me ven llorar, los que ríen conmigo, los que hacen chistes conmigo, los chiquitos, los grandotes, los que me orientan, los que me hacen sentir mejor, los que me comprenden, los que intentaron comprenderme, los que saben que estoy loca, los fugaces, los que no me olvidan, los que me quieren como soy, los que me cantan, los que me curan, los que me cuentan chistes y me hacen ver colores nuevos...

Todos, todos, todos los que me han tocado el corazón y que han llegado a mi, a mi trabajo, a mi vida.

martes, 2 de agosto de 2011

Me rompieron el corazón… ¿y ahora qué?



Sentirnos enamorados, amar, el convivir en pareja nos hace sentir plenos, completos, felices, pero cuando el desamor, la rutina, la diferencia en los planes de cada uno o el mismo tiempo nos separan, ¿qué sigue?, ¿cómo nos levantamos de esa sensación de soledad, de profunda tristeza, de desesperanza?
 
Cuando terminamos una relación en la que hubo sentimientos involucrados, es normal, encontrarnos con culpas, rencores, irritabilidad, tristeza, soledad, desesperación, pero créeme, todos pasamos por ello en algún momento y todos o casi todos somos capaces de salir adelante, darle vuelta a la página.

En esta entrada me concentraré en eso, en el proceso de cerrar el ciclo.

Antes que nada es muy importante que sepas que ¡no estás solo!, aún cuando no haya nadie a tu alrededor siempre contarás contigo mismo, y si como yo eres creyente en algo, cuentas además con esa energía superior que siempre nos brinda apoyo, compañía y consuelo cuando más lo necesitamos.

Antes que nada, permítete llorar, liberar los sentimientos es muy importante, ya que una tristeza mal tratada puede llegar a convertirse en rencor hacia ti mismo o hacia otras personas y eso, no sana a nadie, al contrario, aumenta el sufrimiento por más tiempo. 

A nadie nos gusta llorar o ver llorar a alguien como Magdalenas, así que si eres de los que no cuenta con alguien un amig@ u hombro para llorar, busca un lugar, un momento y hazlo hasta que ya no puedas mas, yo siempre he creído que las lágrimas limpian el alma y demostrarte cuanto te ha afectado de verdad, es una forma también de brindarle una especie de “tributo” a tu relación, es como demostrar que fue importante.

También es importante que pienses en lo que sucedió, pero ten cuidado, cuando estamos deprimidos tendemos a fatalizar las cosas, cuando extrañamos a alguien ya solo nos acordamos de las cosas buenas, pero hay que ser honestos, objetivos, porque nadie nunca (al menos en mi experiencia) es tan bueno ni tan malo como a veces los etiquetamos.

En la música, en los poetas, en las grandes historias de amor, siempre nos hablan del dolor del amor, y hasta lo hacen ver como algo forzoso o fatalista que debemos sentir, pero si bien es cierto que tenemos derecho a estar tristes, también es cierto que tenemos más derecho aún de sentirnos bien.

Deja de tener expectativas, y con esto no me refiero a las de vida, si no a aquellas expectativas que solemos hacer cuando no queremos dar por terminada una relación, seguir “esperando” a que algo de pronto cambie y que tu ser amado regresará y hará todo aquello que en la relación jamás hizo, NO VA A SUCEDER, quizás seas Julia Roberts o Thalía en una novela de televisión y de pronto pase algo extraordinario, pero estoy segura que el 99.9 de las veces, esto no sucede, si crees estar en el 0.01 está bien, es tu decisión, pero seguramente solo estas alargando el tiempo de espera. Recuerda que el que vive esperando, está condenado a morir decepcionado, ya que siendo honestos, cuando una relación ya no fluye o no funciona, por más que se hagan intentos, esta tiende a fracasar, y no es que diga que hay que rendirse, afortunadamente hay expertos que nos pueden ayudar a rescatar relaciones, pero yo me refiero a que hay relaciones en las que muy dentro de ti sabes que ya no tienen remedio y a veces por miedo no afrontamos que la separaciòn es el único remedio.

En fin, supongamos que tu ya decidiste o “te decidieron” a dejar la relación, ¿Qué hacemos ahora? En serio y lo digo así, uno siente que lo que está pasando, lo que nos está doliendo nunca nadie jamás lo ha vivido o sentido, pero no es así, así que aquí te doy una serie de consejos que quizá y solo quizá te puedan ayudar a salir del bache.

1. Expresa lo que sientes.
 
Como ya te dije, puedes llorar en tu habitación, escribir una entrada en tu blog o en una hoja de papel o puedes platicar con alguien a quien te sientas muy cercano, pongo esta opción al final apropósito ya que si bien alguien que te escuche y consuele puede hacerte sentir realmente mejor, también están los clásicos que solo te dicen: ¿cómo, ya no andas con el o ella? O ¿Y no sientes muy feo de ya no tener novi@, espos@? O los otros que aparentan ser más sensibles con frases como: “Pues ya búscate a otr@”, o “pues olvídalo y ya”, “déjalo, seguro vas a estar bien”, “ya vendrá alguien”. A lo mejor esas personas no lo hacen con mala intención, pero seguro que tampoco entenderán la profundidad de tus sentimientos y además de tu tristeza amorosa, se suma una decepción amistosa, así que si sientes de alguna persona que no entiende lo que etas pasando o que minimiza tus sentimientos, ¡aléjate! En serio, más vale solo que mal acompañado, cuando estés mejor quizás sean buenas opciones para ir de antro o salir a comer, pero por ahora mejor no insistas en hacerles sentir algo que no está en su capacidad comprender.

2. Rompe tu rutina.

Experimentar nueva música, salir a caminar entrar a clases de Yoga, o a clases de algo que siempre quisiste hacer y no has hecho por ridículas que parezcan, si no puedes pagar clases, busca actividades gratuitas, aunque no lo creas si hay y bueno en casi todas las ciudades siempre hay algo que hacer, trata de no encerrarte y de mantenerte en movimiento. Bebe mucha agua, en serio el agua es un líquido poderoso que nos hace sentir mejor, más limpios, úsalo como metáfora para limpiar lo que ya no deseas en tu vida, para limpiar el dolor, para depurar el alma. Trata de reír aunque sea de ti mismo, recuerda que música te gustaba, tu comida favorita, baña al perro, paséalo en un parque diferente, atrévete a ir solo al cine, o a visitar un lugar a solas, recordar lo positivo de nuestra propia compañía es un placer del que no debiéramos desprendernos nunca.
 
3. Piensa en todas las cosas buenas que tienes.

A veces las personas que tienen partido el corazón se echan las culpas por lo ocurrido. Pueden ser muy duras consigo mismas, exagerando sus faltas como si hubieran hecho algo para merecer el sufrimiento que están experimentando. Si te das cuenta de que te está ocurriendo esto, ¡corta de raíz! Recuerda las cualidades que tienes y, si no se te ocurre ninguna porque el dolor te ofusca la mente, pide a tus amigos que te ayuden a recordar todas las buenas cualidades que tienes, enuméralas, junto todo aquello que quisieras ofrecer y recibir de una relación futura.

4. Protégete, aprende a quererte.

Empieza por mirar tu cuerpo, acéptalo arréglalo, visita al médico, arréglate para ir a comprar el pan, o lo que sea que tengas que hacer, aprende cosas nuevas, acaríciate siente y conoce cada centímetro de tu piel, cada diente, cada uña, todo cuenta, somos la posesión más importante que tenemos, no te permitas bajo ninguna circunstancia que alguien más se adueñe de lo que haces con tu cuerpo, con tu mente, con tu forma de ser, con tu destino, quien no tiene sueños propios vivirá haciendo realidad los sueños de los demás.
No te tortures con helado y películas románticas, tampoco recurras al alcohol o a las drogas, el exceso de azúcar, alcohol o drogas no te servirán más que para acrecentar tu sufrimiento.

Tener partido el corazón puede ser muy estresante, de modo que no permitas que interfiera con tu ritmo de sueño: tu cuerpo necesita descansar para reponerse. Duerme mucho, córtate el cabello, cámbialo de color, haz dieta, cómprate si puedes ropa nueva, no te permitas salir desarreglado, consiéntete a ti mismo, al final todo te ayudará a aumentar tu autoestima y eso te hará sentir mejor.

5. El tiempo cura todo.

No hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista, no te atormentes pensando en el tiempo que perdiste, en la edad que tienes y menos en el tiempo que te queda de vida, ya que cada instante pasa y no regresa pero lo que realmente cuenta no es que tan pronto camines a la meta, sino las condiciones en las que llegues a ella, recuerda la frase: “despacio, que llevo prisa”.

Si ya has hecho algo de lo que te menciono arriba y no consigues sentirte mejor o después de la euforia, nuevamente en tu cama, a solas, en la noche te vuelve la tristeza, vuelve a empezar, esto no es cosa de un día, a cada quien nos toma tiempos diferentes, lo importante es que no te desesperes ni te hundas en el estrés que puede ocasionar el solo pensar en la idea de que jamás podremos reponernos, confía, mi mamá dice, “el cree, crea”. Si tu amiga tronó con su novio de años y se consiguió otro en una semana, está bien para ella, pero no tomes esa semana como parámetro para estar mejor, cada cabeza es un mundo y cada uno de nosotros somos personas distintas que sentimos de diferente forma, así que recuerda la carrera no es contra los demás, ni en contra del tiempo, es contigo mismo. Además recuerda que hay relaciones más intensas que otras, a veces hemos entregado tanto, o compartido tanto, que una separación implica desde trámites civiles, movimientos económicos, regresarle todos sus discos, o simplemente dejar de compartir los mismos amigos.

Algunas personas se enojan muchísimo e intentan hacerse daño o hacer daño a otras personas. Las personas que empiezan a beber, a consumir drogas, o a autolesionarse para evadirse de la realidad de la pérdida pueden creer que están mitigando el dolor, pero se tratará de un alivio meramente temporal. Esas personas no están afrontando realmente su dolor, sino tan sólo enmascarándolo, lo que hará que sus sentimientos crezcan en su interior y, a la larga, prolongará su sufrimiento.

A veces la tristeza es tan profunda (o dura tanto tiempo) que la persona necesita ayuda profesional para reponerse. Para aquellas personas que al cabo de unas semanas no se empiezan a encontrar mejor o siguen estando deprimidas, puede ser de gran ayuda hablar con un profesional de la salud mental o psicoterapeuta.

Así que no todo está perdido, recuerda que la vida es una escuela y a veces lo que llamamos problemas, solo son lecciones que debemos aprender.

Y sobre todo piensa, que un final puede ser el eslabón si así lo quieres de un nuevo principio.

lunes, 28 de marzo de 2011

La inseguridad es...

La inseguridad...

Cuando un hombre esta seguro de algo, el mundo se hace a un lado para dejarlo pasar.
¿Seguridad? No hace falta mucha basta con un grano de mostaza de fe en uno mismo para mover montañas.
Y lo malo, es que también hace falta una duda minúscula para que se vengan abajo todas nuestras certezas y el mundo que tenia que hacerse a un lado, se nos viene encima.
La inseguridad es la madre de todas las telarañas, que paciéntemente y con una lógica perfecta, tejemos adentro de nuestras cabecitas y también es la causa del escobazo con la que la realidad tarde o temprano termina barriéndolas.
Si, nos aferramos con mas fuerza a la duda que a la certeza ¿Pero realmente quien puede culparnos? En un mundo donde para acertar hay que pensar mal, lo único que realmente tenemos seguro, es nuestra inseguridad.
Si el perro es el mejor amigo del hombre, la inseguridad es su peor enemigo el mas corrosivo, el mas aplastante. El enemigo que convierte el piso firme sobre el que creíamos caminar en arena movediza de la que tal vez, solo tal vez no podamos escapar.

miércoles, 12 de enero de 2011

Mi peor pesadilla

Cuando era niña siempre creí que los seres humanos éramos como una especie de casa, muy pequeñas al principio, y que éstas casas tenían varios frentes: el de hijo, el de hermano, el de amigo, el de hombre (o mujer), el de estudiante (y luego profesionista), etc. y que cada que madurábamos en algún aspecto o que aprendíamos algo nuevo, era equivalente a ponerle un ladrillo más a esa casa, y que bueno corrías el riesgo que si sólo te empeñabas en un aspecto de tu vida, sin duda tu casa sería muy frágil por muchos otros frentes, ya que era como si sólo pusieras ladrillos de un sólo lado.

Cabe mencionar que siempre fui una niña que solía mucho imaginar, hablaba conmigo misma todo el tiempo, a veces recreaba todo un monólogo constructivo para darme un caramelo afectivo y otras como en esta, mis propias recreaciones se volvían contra mí en forma de pesadillas.

El primer libro que recuerdo haber leído fue el Principito, de Antoine de Saint-Exupéry el cual narraba el viaje de un pequeño niño que vivía en su propio y pequeño planeta, llega a la Tierra para entender las cosas de la vida que todos nos preguntamos en algún momento, a mí me parecía tan hermosa la idea de poder “conocer la vida” por uno mismo y la idea de vivir en un lugar donde sólo estás tú y un ser a quien amar (una rosa).

La idea de la casa era muy conveniente para mí, pues con el tiempo he llegado a pensar que así como me hacía “madurar” en muchos aspectos también me separaba del mundo que me rodeaba, y bueno en ese entonces alejarme era mi único objetivo, aunque solo fuera a través de las fantasías de una niña.
Regresando a la historia, yo imaginaba que “mi casa” era el equivalente a mi pequeño y propio planeta como el de El Principito, dentro de ella me sentía segura ya que ahí podía yo tener una imagen de mi padre y de mi madre como yo quería que fueran.

Imaginaba por un momento que todos mis problemas se solucionaban como por arte de magia, que a mi lado se encontraba la familia que siempre soñé, la casa en la que me hubiera gustado estar, a mi padre abrazándome con mucha ternura mientras mi mamá nos servía chocolate caliente y pasábamos una tarde lluviosa y obscura protegidos en este hogar cálido y amoroso.

En mis peores pesadillas, al mirar a mi alrededor notaba de pronto que la casa solo había sido construida de un lado, y que de pronto todo se remueve y provoca que se caiga, veo de pie a un lado de ella, como mi casa llena de amor y mis padres que están dentro, se derrumba frente a mis ojos, trato de correr para salvarla, pero afuera llueve, hace frío y está obscuro, no importa cuánto trate, no consigo sujetar mi casa, mis padres, mis sueños, mi felicidad. Cuando el movimiento parece haber terminado, siento un miedo inmenso, la obscuridad a penas me permite distinguir mis propias manos, sigue lloviendo no sé a dónde ir y estoy completamente sola. Corro por mucho tiempo, la desesperación crece con cada paso que doy, me resbalo y sigo intentando es como si cada esfuerzo que realizara fuera en vano, de pronto una luz se distingue a lo lejos, es el reflejo de la ventana de mi hogar amoroso, siento como si casi pudiera percibir el olor del chocolate, así que mi desesperación se convierte en ansiedad, de pronto siento que tengo una dirección hacia donde correr, la esperanza de que al llegar de nuevo a ese lugar, la felicidad regresará a mi alma. Después de un largo camino consigo acercarme lo suficiente como para distinguir la casa, toco la puerta pero parece que nadie me escucha, le doy la vuelta y grito por las ventanas pero nadie parece darse cuenta. El sufrimiento crece a cada instante como también va creciendo mi ahínco por conseguir entrar.

Continuará…