Como ya me conocen soy medio “intensa” y luego me alucino como buzo tratando de navegar en las profundidades de la vida, sin embargo hoy mientras escribía en mi red social favorita, recordé un día en especial, del cual no me acordaba hacía mucho tiempo y que hoy me doy cuenta que ha sido uno de los días más felices de mi vida, y con el fin de no olvidarlo de nuevo se los comparto.
Para ponerlos un poco en contexto yo crecí en un municipio del Estado de México en una zona industrial, se trata de un poblado urbano, donde se encuentran desde fábricas de jabón, plástico, gaseras, aceiteras, cerveceras, procesadoras de alimentos, carnes frías y jugos.
La colonia se conformaba en general por personas que venían de provincia y habían venido a trabajar a las fábricas, eran personas con muy poco nivel adquisitivo, en general éramos muy pobres todos y bueno tenían costumbres muy de provincia, como por ejemplo barrer la calle todas las mañanas, pasar la tarde sentados en sillas o bancas en sus banquetas mientras nos miraban jugar, o bien ir a misa todos los domingos en la mañana.
Recuerdo que mi cuadra era muy particular, en un extremo había una “tiendita” la cual nos surtía de cualquier cantidad de comida chatarra y golosinas, pasando la tienda estaba “la casa grande” que era la de los vecinos “pudientes”, frente a esta había una casa cuya entrada era un arco creado con las ramas de árboles de flores rosas, toda la fachada era de azulejo artesanal y ahí vivía un matrimonio de ancianos que nunca habían tenido hijos, eran como todos los viejitos gruñones sobre todo “Don Tanilo” (sepa Dios como se llamaba en realidad pero así le decían), algo así como el personaje del anciano de “Up, una aventura de altura”, en fin que continuando por la acera con la que inicié, luego de la “casa grande” estaba la casa de “Los del Castillo” y luego la casa de “la maestra Silvia” esta era muy particular, pues estaba rodeada de árboles de duraznos, naranjas, limas e higos. La “maestra Silvia” era una profesora de kínder que nos había dado clases a todos los niños de la cuadra, su marido era fotógrafo y tenían una hija que se parecía mucho a Lucerito en aquel entonces, a quien disciplinaban mucho y nunca dejaban salir. Esta familia toma su importancia pues cabe mencionar que después del día que les describiré, el señor fotógrafo murió de una forma súper extraña una semana más tarde.
En fin que terminando de describir mi cuadra luego de la casa “de Don Tanilo” estaba la casona de mi madrina “Cata”, la cual se distinguía por tener cualquier cantidad de macetas y animales de granja, había pollos, patos, cuervos, gallinas, cerdos y una vaca. Caminando sobre esta acera luego estaba la “casa de los perros” en la que había más de quince perros salchicha. Y al final estaba mi casa, en la que a un lado había un terreno baldío en el cual depositaban basura industrial y sobre ella crecían girasoles enormes de los cuales siempre estuve enamorada. (Este fenómeno, me enseñó que si miras de frente y al sol, puedes emerger hacia él, aún viviendo en un basurero).
Bueno, ya entrado en contexto imaginen un poco el día que voy a describirles, (ya que como verán no soy muy buena narrando).
Fue en una tarde de verano, hace años cuando yo estudiaba la educación primaria las vacaciones de verano era muy largas, recuerdo que era el mes de Agosto, aquella tarde había llovido muy fuerte y granizó de una forma como pocas, recuerdo muy bien que los granizos eran enormes que apenas cabían en mi mano, yo habré tenido como seis o siete años, pues mi papá aún vivía con nosotros.
Tras dejar de llover de esa forma el cielo de aclaró de una forma espectacular como espectacular también fue la forma en que salió el sol, efecto seguido salió el arcoíris más grande y marcado en el cielo que recuerde haber visto jamás en mi vida.
Parada a media calle podía ver mi cuadra mojada, con todos los arboles y ramas de un color verde intenso y las flores goteando agua lluvia, el sol a lo alto y en el horizonte el majestuoso e imponente arcoíris.
Dado que en las orillas de la calle estaban cubiertas por granizo que aún no se derretía, fue el único día que recuerdo en que todos los vecinos salimos a la calle a ver el paisaje tan hermoso que nos había regalado Dios para que disfrutáramos de esa tarde.
Dato curioso, recuerdo que estaban casi todos, es decir supongo que debió ser domingo o algo así pues había papás y mamás, todos ahí salimos a jugar, hicimos pirámides de granizo, lo echábamos en jícaras de plástico que volteábamos una sobre otra para formar pirámides, algo parecido a muñecos de nieve, nos arrojamos el hielo y todos convivimos como jamás lo habíamos hecho antes.
El fotógrafo esposo de la “Maestra Silvia” sacó su cámara profesional (recuerdo que tenía un lente que me parecía enorme) y nos tomó fotos a todos, mi familia estaba completa y creo fue la única vez en que nadie discutió con nadie, nadie se atrevió a juzgar a nadie, todos colaboramos en las figuras y hasta sacamos ropa para vestir a nuestros singulares “muñecos”, en las fotos los vecinos nos abrazamos, hubo fotos por cada familia, por cada grupo de amigos y todos quienes habitábamos esa cuadra.
La diversión termino con la puesta del sol y mucho hielo derretido, sin embargo sigo viendo en mi mente a mí cuando era peque parada a media calle con el sol en mi rostro los girasoles a un lado viendo la calle mojada, hojas verdes, granizo formado como figuritas y el imponente y majestuoso arcoíris en el horizonte.
El tiempo pasó y cambió las cosas como suele hacerlo, los niños de esa cuadra crecimos, mi familia se desintegró y mamá nos sacó de ese barrio pobre en cuanto pudo, el fotógrafo murió y casi todos mis amigos se hicieron padres o se perdieron en la vida muy jóvenes, yo traté de olvidar ese lugar pues hay muchos recuerdos ahí que no quería conservar, pero hoy gracias a este HashTag de #CuandoEraPeque, me ha hecho recordar que no todo fue malo, y que aun en medio de un pantano, si uno quiere puede florecer, pues no hace falta tener mucho dinero o un X-box, basta con que nos detengamos un día, una tarde lluviosa cualquiera, para observar los milagros de la vida que tenemos alrededor y para encontrar en la gente que nos rodea un momento maravilloso.
Postdata, debido a que como les dije el fotógrafo murió días después de este día, nunca reveló las fotos, pero no importa que no tenga el papel impreso en mis manos, las imágenes quedaron grabadas en mi memoria y en la de todas las personas que estuvimos ahí esa tarde maravillosa.

