Las piernas se doblan a razón de ya no poder más, las cortinas de polvo se disuelven, te has detenido y tu respiración agitada, el sudor frío de tu rostro, el temblor de miedo de tus manos te impide reaccionar ante la cercanía de tus enemigos.
Están cerca, realmente cerca cuando te das cuenta ya respiran sobre tu oído, cuando te das cuenta ya te están sujetando de ambos brazos.
El miedo te paraliza, la mirada es incapaz de definir los detalles de sus caras, sientes su respiración cerca de ti, su olor, puedes sentirlos tocándote la ropa y estrujándote el cuerpo. Nada de poético hay en una posesión así pero decides concentrarte en el crujir de las hojas en el ruido que ante el aire ejercen los árboles...
...Y entonces decidiste cerrar los ojos y dejar que el miedo entrara y se apoderara de ti...
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